EFECTO PLACEBO

Efecto placebo: ‘Capacidad curativa de un agente terapéutico que no produce ningún efecto farmacológico. Se trata, por tanto, de un fenómeno psico-fisiológico en el que los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento con una sustancia placebo, es decir, una sustancia sin efectos directamente relacionados con el tratamiento de aquello que estaría causando los síntomas de dicho paciente’. Wikipedia.

Pues recordaba un caso de una niña que sufría de infecciones de orina muy a menudo. Una niña de padres separados que le daban sus crisis justo cuando su padre le dejaba de vuelta en casa, después de haber pasado el fin de semana juntos. Era llevada a urgencias y la ingresaban un día y de nuevo a casa. Cuando las visitas a urgencias ya se hicieron asiduas, fin de semana si, fin de semana no, las enfermeras, que ya conocían el historial de la niña, decidieron darle a la pequeña un dulce remedio. Si, en vez de darle medicación lo que hacían era darle sacarina. Una vez tomada al poco rato ella misma decía que ya se encontraba mejor, eso si, cogida de la mano de su padre que había vuelto al hospital a ver cómo estaba la pequeña. Aquí no me invento nada ya que esto fue un caso de un familiar muy cercano. Y como éste sé que hay muchos más.
Otro caso: Una niña de once años con un ataque de asma a mitad de la noche. La madre no tenía ningún ansiolítico así que, desesperada, decide ir a ver qué encuentra en su botiquín homeopático, pues nada para el caso, sólo le quedaba árnica que es para dolores de huesos, inflamaciones…Así que decide dárselo a la niña y ¡voilà! se queda frita, dormida como una rosa y aquí no ha pasado nada.
Otro más: Tengo una cliente que a su marido le encantó comprobar que el cobre-oro-plata (oligoterapia) le quitaba las migrañas. Pues bien: ‘Cariño, ¿dónde está el cobre ese?’ A mi cliente se le había acabado así que, como es líquido, transparente y no tiene sabor, decide rellenar el frasco con agua. Y si, con agua desapareció la migraña de su marido.
Está claro que las emociones juegan un papel muy importante en nuestras dolencias físicas, lo he comentado en muchas ocasiones, pero lo que más me hace gracia es ver cómo somos muchos los que una vez empiezan los síntomas (los que sean) necesitamos tomarnos algo, da igual, de farmacia o natural, lo importante y urgente es tomarse algo y así nos sentimos como más relajados, más ‘curados’.
Mucha gente que empieza terapia conmigo se asusta porque le recomiendo que deje todo suplemento y/o medicación ya sea alopática o natural. Y al principio les da miedo el hecho de levantarse por las mañanas y no tomarse su dosis de omega 3, de aloe vera, de semillas de lino, de su café con aspirina… Son reacios a creer que con una buena alimentación y una buena cabeza no hace falta nada más. Por tanto, cada vez tengo más claro que está bien instaurado en nuestro cuerpo el hecho de que es importante algo externo (medicación, remedio) para sanar algo interno (dolor tanto físico como mental).

La explicación fisiológica postulada para este fenómeno sería la estimulación de una zona específica del cerebro que daría como resultado la mejoría del cuadro sintomático del paciente. Es decir: el propio paciente puede autoinfluenciarse por la sensación de ser tratado o la esperanza de curación, y como resultado puede encontrarse mejor o incluso facilitar la recuperación. Este fenómeno no funciona con la misma eficacia ni en todos los pacientes ni con todas las enfermedades.’

Para que luego digan…No sabemos el potencial que tenemos; no somos conscientes de cómo podemos influenciar mental y emocionalmente en nuestra supuesta enfermedad; no creemos en nosotros; no creemos en nuestro poder de curación. Preferimos dar nuestro cuerpo y alma a otros para que nos solucionen la papeleta, para quitarnos responsabilidades de encima y no hacer frente cara a cara a la situación enfermiza que nos bloquea. Y va y luego llega alguien con una vasito de agua y te dice que esta medicina te pondrá bien y, ya está, todos contentos como unas pascuas. Creo que es importante darnos cuenta de lo que en el fondo nos pasa y estoy convencida que muchos casos ocurren simplemente por nuestra falta de amor a nosotros mismos y por la falta de amor recibido. Aquí está la raíz de todo, si esa niña de frecuentes infecciones de orina le hubieran explicado la separación de sus padres, le hubieran dicho que la seguían queriendo aunque sus padres no estuvieran juntos creo que no hubiera necesitado tantas visitas a urgencias ni sobredosis de sacarina. Si la otra niña del ataque de asma hubiera sido más atendida y tomada en cuenta y valorada no le hubiera hecho falta pasar tan malas noches para llamar inconscientemente la atención de su madre. Si el señor de las migrañas hubiera sido más sincero con su esposa, más abierto en la relación, no tendría su mujer que recurrír también a engañarlo dándole simple y llanamente agua.
Así que, yo en mis trece, ya que sigo pensando que ya podemos hacer carteles de PEACE, escuchar a John Lennon, llenar la casa de margaritas o hacernos hippies que si no sabemos dar y recibir amor seguiremos tomando placebos, engaños y demás mentiras sin sentido siendo falsos con nosotros mismos y con los demás, dejando nuestra vida en manos de unos señores de bata blanca que estos ya no te dan sacarina sino van más fuerte y puede que la cosa ya no tenga marcha atrás y entres en un laberinto lleno de ingratas sorpresas y esta vez muy muy dolorosas.
Dejémonos querer, abramos sin miedo nuestro corazón y hagamos las cosas más sencillas, sin tapujos, con la verdad por delante. Estoy segura de que así muy pocos enfermaríamos tan a menudo.
Salud y Buenos Alimentos
Yo Isasi
nutricionencasa.com

 

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