VUELTA A LA RUTINA

Ya estamos en la recta final. Muchos se despiden, casi con lágrimas en los ojos, de sus días de vacaciones, ansiadas y deseadas durante el resto del año. Unos han tenido sólo 15 días y otros, más afortunados, el mes completo.
Son fechas que hay descontrol en todos los sentidos: horarios, comidas, actividades, exposición al sol…
Como seres de excesos que somos, ha sido la época idónea para excedernos en alimentos extremos como helados, granizados y alcohol, además de la fritanga de las típicas comidas que nos ofrecen los chiringuitos de la playa o del ‘campo’. No es por criticar la gastronomía nacional pero muchas cocinas de nuestros restaurantes necesitarían una buena inspección de sanidad y de nutrición ya que nos dan gato por liebre ya que cocinan con aceite de colza o de palma y eso empobrece la materia prima y a nuestro cuerpo.
Alimentos extremos cargados de azúcares adictivos y grasas saturadas. Con los helados o bebidas bien frías hemos intentado compensar el extremo calor atmosférico y el extremo calor interno a causa de la excesiva comida saturada. Estos excesos harán que en otoño seamos más propensos a, por ejemplo, resfriados ya que el cuerpo necesitará eliminar las mucosidades internas acompañadas por las bacterias de turno.
Aquí no sirve de nada ponerse ahora a dieta a estricta ya que el cuerpo lo que necesita es regenerarse a través de alimentos enteros y auténticos como los que suelo recomendar en esta web. La cuestión no es dejar de comer sino comer mejor y con calidad. Ahora muchos pensaréis que no os lo podéis permitir económicamente pero parece que si que nos permitimos los excesos antes mencionados que también cuestan dinero pero no nos permitimos la calidad y no me refiero a alimentos delicatessen ni sibaritas, ni mucho menos, sino de abastecernos de productos locales auténticos para así volver a nutrir a nuestro cuerpo y regenerar a nuestro hígado que, seguramente, el pobre estará en las últimas.

Expertos en destrozar buena materia prima.

Muchos volvemos a nuestra actividad, a nuestra vida diaria, resacosos y con menos energía que cuando empezamos las supuestas maravillosas e idílicas vacaciones a causa de horas y horas de achicharramiento solar; a cenas copiosas que se alargan hasta altas horas de la noche acompañadas de exceso de alcohol; a las interminables fiestas de los pueblos que simplemente son la excusa perfecta para excederse en todos los sentidos, como hemos podido comprobar por las redes sociales… En fin, excesos, excesos y más excesos que nos pasarán factura pronto y aquí quien sale ganando de ello es nuestra querida y socorrida industria farmacéutica. ¡¿Qué haríamos sin ella?!Enganchados al azúcar, a la grasa y, de rebote, a los medicamentos.
Sinceramente ya no sé si es que nos dejamos llevar por la corriente y preferimos ocultarnos en una playa abarrotada de gente donde no cabe ni un alfiler o si es que no queremos realmente aprovechar nuestros días para descansar.
Hoy en día existen otras alternativas y no me refiero a irnos a un monasterio a meditar y ayunar, aunque a alguno no le vendría nada mal…
Cada cual es libre de hacer lo que más le plazca, está claro, pero lo importante es que seamos conscientes de que una vez elegida nuestra la elección, sepamos a dónde nos lleva tal decisión y apechuguemos con las consecuencias.
Al vivir en un pueblo de pescadores y ver el mar todos los días, es increíble cómo en estas fechas se convierte en una autopista acuática donde lanchas, motos acuáticas, veleros y yates se apoderan de él haciendo, a mi parecer, un uso indiscriminado y con excesos, por supuesto. Los bañistas de mi zona pagamos el pato, nunca mejor dicho ya que vivo en una Reserva de la Biosfera y algún que otro pato muerto ya he visto este verano. Una vez acabado el agosto, estas máquinas acuáticas desaparecen y lo que nos dejan a los residentes locales son residuos a tutiplén. El mar se ennegrece por su combustible; a través de las olas hace aparición una espuma artificial que llega hasta la playa; y la marea nos trae literalmente mierda a la costa además de plásticos (muchas de las tortugas se ahogan en estas fechas), compresas, corchos, colillas, botellas y toda variedad de ‘escombros’.
Aquí me gustaría saber qué pasa por la cabecita de los dueños de estas embarcaciones. Es como si creyeran que el mar es un gran contenedor público. Les da igual, ellos luego vuelven a sus casas y aquí no ha pasado nada. No señores, los que se dedican a la limpieza de playas y de costas no tienen porqué hacer trabajo extra. Estaría bien que estos señores una vez volvieran a sus casas, encontraran toda la basura que han tirado en su salón, creo que así sería la única manera de que se dieran cuenta.
Justamente este fin de semana, mi hermana se fue a dar un baño rápido al lado de mi casa y subió con basura, si, basura de todo tipo encontrada también fuera del mar, en las rocas. Así que ya no sólo son los navegantes parece que muchos bañistas extranjeros (aquí incluyo también a los nacionales) tampoco saben llevarse sus pertenencias y tirarlas en sitios más adecuados. En el pueblo hay carteles para concienciar a la gente pero parece que eso no es suficiente.
Lugares de vacaciones donde dejamos mierda pero también nos llevamos mierda interna a nuestra casa. Si, porque como dije al principio, los excesos se pagan y se pagarán con diarreas, estreñimiento, hígados inflamados, infecciones de orina, hongos, migrañas, resfriados y demás enfermedades ya asiduas y típicas para todos.
Según los expertos (que ellos saben mucho, para eso los llamamos ‘expertos’), el síndrome postvacacional es un conjunto de síntomas de ansiedad ante la temida vuelta a nuestras rutinas. A muchas personas les resulta difícil adaptarse de nuevo a las tareas y preocupaciones del día a día. Tardamos unos cuatro días en pasar este síndrome pero si perdura en el tiempo, nos aconsejan apoyo psicológico.
Veo que nos tenemos miedo, que usamos las vacaciones para evadirnos, evadirnos de nuestra vida, de nuestra realidad, de nuestra salud y en vez de aprovechar estos días para interiorizar y para hacer una búsqueda de lo que queremos realmente, le damos a las cervecitas, a las falsas risas, a los excesos de comida donde dañamos a nuestro cuerpo y a nuestra mente y así otro año más…Tranquilos, pronto llegarán las Navidades para poder seguir evadiéndonos de todo (de nosotros y de los demás inclusive), que ésto se nos da muy bien y las grandes empresas, las que mueven el cotarro de nuestra vida y nuestra salud, están encantadas de que sigamos así, todos cogidos de la mano, sin salirnos de la manada (por no decir del rebaño) yendo al abismo para no salir del matrix que nos tiene a todos dormidos, atontados y bien programados. Y ojito que nadie se suelte del grupo que lo puede pasar muy pero que muy mal. Si, eso nos hacen creer con el miedo que nos inculcan desde que somos unos renacuajos.
Pues otro año más, ahora a esperar de nuevo las próximas vacaciones para así año tras año olvidarnos de nosotros mismos.
Ojo, estoy generalizando. Sé que hay personas que les encanta estar en familia, reunidas, cuidarse, aprovechar para pescar, para nadar, para pasear por la playa, para jugar con sus hijos, para merendar bajo la sombra de un árbol, para mirar el horizonte, para maravillarse con la luna llena, para reencontrarse con su afición o simplemente para respirar la brisa del mar o el aroma de los pinos. Y también sé que muchas otras no han tenido ni vacaciones y otras, al no tener trabajo, tienen todo el tiempo del mundo…
Salud y Buenos Alimentos.
Yo Isasi
nutricionencasa.com

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